Hoy desea nuestro Dios

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1
Hoy desea nuestro Dios,
Uno con el hombre ser,
Siendo todo para él,
Cumplirá Su buen placer.
2
Dios del barro sin valor,
Hizo͜ un vaso para Sí:
Cuerpo, alma,͜ espíritu,
Para dispensarse͜ allí.
3
Al fluir Su vida Dios,
Cambia͜ al hombre͜ en Su͜ expresión,
Piedras preciosas lo͜ hará
Para Su͜ edificación.
4
Tal es la Ciudad de Dios,
Tal Su͜ eterna͜ habitación,
Tal es la Jerusalén,
Que le llena͜ el corazón.
5
Son los santos en unión,
Bien mezclados con su Dios,
Lo que͜ el Padre diseñó,
Antes de la creación.
6
En su centro͜ el trono͜ está,
Dios y Cristo͜ en potestad,
El Espíritu allí,
Brota como͜ el manantial.
7
Cristo͜ en medio del fluir
Es la provisión vital;
Arbol de la vida es,
Que da fruto divinal.
8
Dios en Cristo es la luz
Que alumbra͜ a la Ciudad;
Esta luz disipará,
Toda sombra͜ y mortandad.
9
Dios y hombre, hombre͜ y Dios,
Mutuo͜ hogar en comunión;
Dios su contenido es,
Y el hombre Su͜ expresión.
2
Un Hermano En: P.R.

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LA MANERA DE RECIBIR

LA IMPARTICIÓN DIVINA

El deseo de Dios no era simplemente tener un hombre como alma viviente que tiene un cuerpo de barro y un espíritu humano formado del aliento de Dios. Esto no puede satisfacer a Dios, porque el pensamiento central de Dios es que Él sería uno con el hombre (Himnos, #451). En el huerto del Edén, Dios todavía no era uno con Adán. Dios era Dios, y Adán era Adán. A fin de llevar a cabo Su deseo, Dios puso al hombre frente a dos árboles, uno de los cuales era el árbol de la vida que simbolizaba a Dios mismo, y el otro, el árbol del conocimiento del bien y del mal, que era la corporificación de Satanás. Luego, Dios advirtió al hombre, diciéndole que tuviera cuidado con lo que comiera. Le dijo: “De todo árbol del huerto podrás comer libremente, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás; porque el día en que comas de él, ciertamente morirás” (Gn. 2:16b-17). Que Dios pusiera al hombre frente a los dos árboles fue una clara indicación de que Dios quería que el hombre lo tomara a Él al comerlo. Si el hombre recibía a Dios, Dios le sería vida en su espíritu. Esto se cumplió en el Nuevo Testamento. Según el Nuevo Testamento, Dios vino como pan de vida (Jn. 6:35), bueno para comer. Si lo comemos, tenemos la vida eterna, la vida divina, en nuestro espíritu. Cuando recibimos la vida eterna en nuestro espíritu, nuestro espíritu fue regenerado, y nacimos de nuevo. Primero, nacimos de la carne por medio de nuestros padres, pero ahora hemos nacido del Espíritu en nuestro espíritu (3:6). Ahora no sólo tenemos en nosotros la vida de Dios, sino que también somos uno con Dios. Dios puede regocijarse porque ha entrado en el hombre y ha llegado a ser uno con el hombre.

La Línea central de la revelación divina,

Capitulo 7 (LSM)


Paula Lozano

Monterrey, Nuevo León, Mexico

Dios y el hombre, hombre y Dios son el mutuo hogar en comunión Dios Su contenido es y el hombre Su expresión. Gracias Señor por ser nuestra habitación nuestro hogar nuestro contenido y nuestro todo síguete añadiendo a nosotros cada día poco a poco en todas situaciones sigue transformándonos en Tu morada, Tu hogar Tu habitación.