La Ciudad Santa nuestra meta es

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1
La Ciudad Santa nuestra meta es,
Y la porción de toda alma fiel;
A͡un cuando nuestro cuerpo vive͜ aquí,
Está͜ el espíritu con el Señor allí,
Está͜ el espíritu con el Señor allí.
2
Es nuestra meta la Jerusalén,
Do Dios y͜ el hombre pueden uno ser,
Los que caminan tras el Redentor,
Tendrán derecho de gozar Su bendición,
Tendrán derecho de gozar Su bendición.
3
Cuando miramos hacia la Ciudad,
Es nuestro͜ anhelo contemplar Tu faz;
Sentir el grito que nos lleva͜ a Ti,
Y compartir Tu Dios eternamente͜ así,
Y compartir Tu Dios eternamente͜ así.
4
Nuestra͜ esperanza no͜ es tan dulce paz,
Tampoco͜ el gozo que nos llenará,
Pero Tú mismo la͜ esperanza eres,
Señor, Tú mismo eres nuestro galardón,
Señor, Tú mismo eres nuestro galardón.
5
Escucha͜ ahora nuestro gran clamor,
¡Ven a llevarnos hasta Ti, Señor!
Compartiremos la Santa Ciudad,
Y de Ti mismo nos harás participar,
Y de Ti mismo nos harás participar.
6
¡Todas las cosas nuevas las harás,
La tierra͜ el cielo͜ y todo lo demás!
El Dios de gloria la porción allí,
Señor, ven pronto a llevarnos juntó͜ a Ti,
Señor, ven pronto a llevarnos juntó͜ a Ti.
1
Un Hermano En: P.R.

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Según Apocalipsis 21, la Nueva Jerusalén será la esposa de Cristo (vs. 2, 9-10) y también el tabernáculo de Dios, Su habitación (v. 3). Apocalipsis 21:7 indica que la esposa de Cristo está compuesta de hijos. Como hijos de Dios, somos componentes de la Nueva Jerusalén, la esposa de Cristo. Puesto que somos componentes de la Nueva Jerusalén y puesto que la Nueva Jerusalén, la Jerusalén de arriba, es nuestra madre, entonces nosotros, los hijos, somos los componentes de la madre. Por tanto, la Nueva Jerusalén es la esposa de Cristo y nuestra madre. Por un lado, hemos nacido de esta madre; por otro, esta madre está compuesta de nosotros mismos, los hijos.

La ciudad que

Abraham buscaba

La madre de los creyentes es la ciudad que Abraham buscaba. “Esperaba con anhelo la ciudad que tiene fundamentos, cuyo Arquitecto y Constructor es Dios” (He. 11:10). Esta ciudad es identificada en Hebreos 12:22, donde dice que nos hemos acercado a la Jerusalén celestial, a la esposa de Cristo y la madre de los creyentes neotestamentarios, quien está compuesta de los hijos de Dios, los mismos que han nacido de ella. La esposa de Cristo es, por tanto, la ciudad que Abraham esperaba y la cual habría de venir.

Abraham ciertamente no esperaba con anhelo una ciudad material, una ciudad física. Una ciudad material no podría ser la esposa de Cristo ni la madre de los creyentes. Además, una ciudad material no podría estar compuesta de todos los que han sido salvos, los hijos de Dios. Si la Nueva Jerusalén, la Jerusalén de arriba, fuese una entidad física, ¿cómo podría producirnos como sus hijos? ¿Cómo podría ser la madre que nos produce una ciudad física edificada con oro, perlas y piedras preciosas materiales, todo lo cual no es orgánico y no puede producir nada? Esto, por supuesto, es imposible. No debemos entender la Nueva Jerusalén en un sentido físico O material, pues ella es por completo una entidad espiritual. Únicamente la mente natural e ignorante, es decir, una mente carente del adecuado conocimiento bíblico, podría entender la Nueva Jerusalén de este modo. Si nuestra mente ha sido iluminada y renovada, y si hemos recibido la educación espiritual adecuada, ciertamente no tendremos el entendimiento erróneo de que la Nueva Jerusalén es una entidad material; más bien, comprenderemos que la Nueva Jerusalén, como esposa de Cristo y madre de los creyentes neotestamentarios, es una entidad espiritual.

En la eternidad pasada Dios tenía un plan en conformidad con Su beneplácito. En el Nuevo Testamento este plan es llamado la economía de Dios. Según Su plan, Dios creó los cielos, la tierra y billones de cosas. Después, Él creó al hombre como centro de Su creación. La intención de Dios al crear al hombre era que el hombre fuese Su expresión y Su representante. Por tanto, el hombre fue creado a imagen de Dios. Después, se le dio al hombre ejercer dominio sobre todas las cosas creadas, especialmente las cosas terrenales.

LA CONCLUSIÓN

DEL NUEVO TESTAMENTO

MENSAJE 254

LA NUEVA JERUSALÉN (LSM)