1
¡Qué esperanza, Cristo volverá!
¡Arrebatados! ¡Nos transformará!
Glorificados con El, gozo͜ habrá;
Su imagen El nos cambiará.
¡Arrebatados! ¡Nos transformará!
Glorificados con El, gozo͜ habrá;
Su imagen El nos cambiará.
¡Gloria sin par! ¡Cristo vendrá!
¡Gloria sin par! ¡Cristo vendrá!
¡Arrebatados! ¡Nos transformará!
¡Qué esperanza! ¡Cristo volverá!
¡Gloria sin par! ¡Cristo vendrá!
¡Arrebatados! ¡Nos transformará!
¡Qué esperanza! ¡Cristo volverá!
2
¡Qué esperanza, Cristo volverá!
Se͜ esfumará ya la vieja cre͡ación;
No gemiremos, habrá libertad,
Disfrutaremos total salvación.
Se͜ esfumará ya la vieja cre͡ación;
No gemiremos, habrá libertad,
Disfrutaremos total salvación.
3
¡Qué esperanza, Cristo volverá!
Sobre los pueblos podremos reinar
Juntos con El, sacerdocio real,
Su salvación plena͜ así disfrutar.
Sobre los pueblos podremos reinar
Juntos con El, sacerdocio real,
Su salvación plena͜ así disfrutar.
4
¡Qué esperanza, Cristo volverá!
Fieles sirviendo velamos con fe,
Corriendo hasta la meta final
Para que͜ el premio del Reino nos dé.
Fieles sirviendo velamos con fe,
Corriendo hasta la meta final
Para que͜ el premio del Reino nos dé.
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Hacer realidad la esperanza de gloria, la cual es Cristo en nosotros
Colosenses 1:27b habla de: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. Aquí Pablo dice no solamente que Cristo mora dentro de nosotros, sino también que Él mora dentro de nosotros como nuestra esperanza de gloria. La palabra griega traducida “gloria” en este versículo denota “la gloria”. Cristo es el misterio (v. 26) que ahora está lleno de gloria. Esta gloria será manifestada en plenitud cuando Cristo regrese para glorificar a Sus santos. Por tanto, ésta es una esperanza, la esperanza de gloria. Cristo mismo es esta esperanza de gloria.
Cristo puede ser nuestra esperanza de gloria debido a que Él mora en nuestro espíritu para ser nuestra vida y nuestra persona. Según Colosenses 3:4, cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, nosotros hemos de ser manifestados con Él en gloria. Él se manifestará para ser glorificado en nuestro cuerpo redimido y transfigurado (Ro. 8:23; Fil. 3:21; 2 Ts. 1:10). Cuando Cristo venga, nosotros hemos de ser glorificados en Él, y Él será glorificado en nosotros. Esto indica que el Cristo que mora en nosotros saturará todo nuestro ser, incluyendo nuestro cuerpo físico. Esto causará que nuestro cuerpo sea transfigurado y llegue a ser igual a Su glorioso cuerpo. En ese tiempo, Cristo será glorificado en nosotros. Éste es Cristo en nosotros como esperanza de gloria.
La Conclusión del
Nuevo Testamento,
Mensajes 180 (LSM)